Historia de la cartomancia
El universo esotérico<\/strong> de la videncia <\/strong>es tan viejo como el mundo. Hunde por tanto sus raíces en la base misma de toda civilización, y numerosos « hechiceros <\/strong>» y hombres-medicina ya empleaban algunas de estas prácticas desde la antigüedad.
Los orígenes de la cartomancia
Contrariamente a las ideas preconcebidas que a veces son difíciles de erradicar, las barajas de cartas <\/strong>no tienen su origen en el antiguo Egipto. Y si bien los grandes sabios egipcios de la época de los faraones <\/strong>practicaban ya muy bien la videncia<\/strong>, en modo alguno inventaron el arte adivinatorio<\/strong> de poder predecir su futuro a un consultante a través de cartas de cualquier tipo.

De hecho, las primeras huellas<\/strong> de cartas de juego se encuentran en la India <\/strong>y en la China <\/strong>ancestral, algunos miles de años a. C.
Repartidas entre los dominós y los dados de la época, las cartas <\/strong>servían pues como juegos muy lúdicos en esta parte del mundo oriental, aunque no exista ninguna prueba de que pudieran utilizarse, en aquel momento, con fines adivinatorios.
Más tarde, fue gracias a las caravanas de mercaderes que recorrían la famosa ruta de la seda<\/strong> como las cartas de juego<\/strong> se exportarían a Oriente Medio<\/strong>, alcanzando la península Arábiga y por fin Egipto bajo la era de Ptolomeo XII, el padre de Cleopatra.
La aparición de las cartas de juego en Occidente
Fue pues al entrar en contacto con nuevas culturas que formaban parte de las grandes civilizaciones de la época cuando las cartas de juego <\/strong>pudieron desarrollarse<\/strong>. Como en la Persia antigua<\/strong>, por ejemplo, donde la baraja empieza a completarse<\/strong>.

Pero muy pronto, ya desde el siglo 9e<\/sup>, los numerosos flujos migratorios<\/strong> las importarán a Europa <\/strong>y ante todo entre las poblaciones gitana<\/strong>s y cíngaras<\/strong>, que adoptarán nuevas técnicas de juego<\/strong>.
Se conoce la atracción del pueblo nómada gitano <\/strong>por todo cuanto atañe a la videncia <\/strong>y no cabe equivocarse al afirmar que fueron ellos los primeros de todos<\/strong> en servirse de las cartas <\/strong>de juego para hacer predicciones de futuro<\/strong>.
Sin saberlo realmente, habrían inventado pues lo que un poco más tarde se iba a denominar la cartomancia<\/strong>.
El nacimiento de la baraja tradicional en España
En la Edad Media<\/strong>, las poblaciones cíngaras y gitanas <\/strong>se integraron en la mayoría de los países europeos, y muy particularmente en España <\/strong>y en Italia<\/strong>.
Fueron ellos quienes familiarizarían pues a los autóctonos con la práctica de las cartas. Y fue en el siglo 15e<\/sup>, en el seno del reino hispánico<\/strong>, cuando se creó la baraja tradicional de 54 cartas<\/strong> tal como aún la conocemos hoy. Obtuvo muy pronto un gran éxito en el seno de todas las capas de la población y, pronto, todo el mundo se puso a jugar gracias a nuevas prácticas.

Al mismo tiempo, los numerosos videntes <\/strong>vislumbraron en esta nueva baraja de 54 cartas <\/strong>nuevas maneras de explorarlas con fines adivinatorios<\/strong>.
Hay que decir que la baraja es particularmente rica, pues se compone de 4 familias <\/strong>que son los tréboles, las picas, los corazones y los diamantes. Además, cada una de estas familias incluye 10 cartas que van del As al número 10<\/strong> y se completa con cartas mayores que representan la Sota<\/strong>, la Reina <\/strong>y el Rey<\/strong>.
La cartomancia se declina en tarot
El éxito de esta nueva baraja de cartas <\/strong>completa rebasa pronto las fronteras de España para alcanzar Italia<\/strong>, luego Francia<\/strong>.
Le toca pues el turno a los italianos de interesarse enormemente por ella, tanto más cuanto que la población cíngara<\/strong> se ha implantado bien entre ellos y empieza a practicar el arte adivinatorio<\/strong> gracias a la interpretación de las cartas<\/strong>.
Si bien esta práctica puede suscitar algunas críticas <\/strong>entre la población, no por ello deja de ser intrigante<\/strong>, incluso atrayente <\/strong>para algunos que ven en ella una evolución pertinente.
Es así como se va a asistir a la creación <\/strong>de la primerísima baraja de cartas de tarot <\/strong>en 1425, que se llamará « tarocchi <\/strong>», y que va a seducir a numerosos espíritus en el seno de la Italia medieval.

Instaurada y concebida a petición del riquísimo Filippo Maria Visconti, entonces duque de Milán y gran apasionado de todo cuanto se relaciona con los juegos, esta baraja de cartas de tarot<\/strong> será pues la primera en componerse de 16 cartas mayores<\/strong>. Entre estas últimas, 4 representaban las virtudes<\/strong>, 4 indicaban las riquezas<\/strong>, 4 simbolizaban las vírgenes <\/strong>reputadas y por fin 4 encarnaban todos los placeres de la vida<\/strong>.
Cabe señalar que ya se hacía referencia en ella a la astrología <\/strong>a través de cartas que escenificaban planetas de nuestro sistema solar tales como Mercurio y Venus.
De este antepasado de la baraja de tarot<\/strong>, no queda hoy desgraciadamente ningún ejemplar, solo algunas notas que nos permiten imaginarla. Por supuesto, los videntes vieron en esta baraja de tarot<\/strong> nuevas perspectivas extraordinarias para futuras tiradas de cartas<\/strong>, pero fueron bien los únicos. En efecto, no tuvo el éxito esperado entre el público y los italianos incluso la abandonaron un tanto.
Pero fue en Francia <\/strong>donde iba a conocer un éxito antológico<\/strong>.
Francia descubre la baraja de tarot
Fue a mediados del siglo 15e<\/sup> cuando Francia se apropió<\/strong> pues de esta baraja de cartas venida de Italia que verá su nombre transformarse en « tarot <\/strong>». Tiene de entrada un éxito rotundo<\/strong>, tanto más cuanto que la invención industrial que es la imprenta va a favorecer su gran distribución.
Muy pronto se conciben nuevas barajas de cartas de tarot<\/strong>, basadas en su antepasado italiano, pero tomando algunas nuevas orientaciones <\/strong>algo más esotéricas<\/strong>.

Así, los tarots de Catelin Geoffroy<\/strong> y los nuevos tarots de París <\/strong>ven la luz a principios del siglo 16e<\/sup>, pero es bien la llegada del tarot de Marsella<\/strong> la que va a acrecentar la popularidad de la cartomancia <\/strong>a través de todo el país.

La baraja del tarot de Marsella<\/strong> se compone de 78 cartas<\/strong>, a cuál más bella, gracias a las magníficas representaciones<\/strong> que en ellas están impresas.
Representaciones que simbolizan <\/strong>en cada una de las cartas un rasgo particular<\/strong> ligado a la naturaleza humana<\/strong>. En estas 78 cartas, encontramos 22 arcanos mayores <\/strong>llamados triunfos<\/strong>, entre ellos uno que se llama el loco<\/strong> y que simboliza <\/strong>por sí solo el recorrido <\/strong>iniciático atravesado a través de todas las demás cartas. Nos topamos también con los 56 arcanos menores<\/strong>, que están divididos en 4 familias <\/strong>o palos llamados Copas<\/strong>, Espadas<\/strong>, Bastos <\/strong>y Oros<\/strong>.
En el seno de cada una de estas familias, se encuentran 10 cartas<\/strong> que van del As al n.º 10<\/strong>, pero también un Caballero<\/strong>, una Sota<\/strong>, una Reina <\/strong>y un Rey<\/strong>.
Muy pronto, esta baraja de cartas de tarot <\/strong>más que completa iba a encantar a todos los profesionales <\/strong>de la videncia <\/strong>y a sus consultantes cada vez más numerosos.
El éxito fulgurante del tarot de Marsella
Hay que decir que en aquella época, numerosas eran las echadoras de la buenaventura<\/strong> que se cruzaban a los bordes de los caminos, en las tabernas e incluso en el seno de las cortes reales.
Si bien algunas practican todavía la lectura de las líneas de la mano<\/strong> para predecir su futuro <\/strong>a un consultante, la mayoría de ellas utilizan ya el célebre tarot de Marsella<\/strong>.

Es pues así como todas las capas sociales de la población <\/strong>francesa iban a hacerse echar las cartas <\/strong>para conocer un trozo de su futuro<\/strong>.
Este éxito fue muy lucrativo <\/strong>para las videntes <\/strong>que, a menudo bohemias<\/strong>, venían de las capas sociales más bajas y vivían generalmente en familia en el seno de una caravana de fortuna. De golpe, su horizonte de futuro se aclaraba y podían vislumbrar el mañana bajo mejores auspicios.
Pronto, otras barajas de tarot<\/strong> vieron la luz, como la tirada del Oráculo de Belline<\/strong> o el Rider Waite<\/strong> del lado inglés, ambos concebidos por ocultistas <\/strong>de renombre, pero el tarot de Marsella<\/strong> quedó solo en lo más alto del cartel.

La videncia en los siglos 20e<\/sup> y 21e<\/sup>
Tras el advenimiento de la industrialización <\/strong>y los trastornos debidos a las dos grandes guerras mundiales<\/strong>, el mundo ya no es el mismo y los practicantes <\/strong>de arte adivinatorio<\/strong> han tenido tiempo de ver cambiar el viento.
Sin decir que el universo de la videncia <\/strong>haya desaparecido de los radares, sino solo que habrá sido necesario adaptarse a todos los cambios sobrevenidos en el siglo de la modernidad.
Y desde los años 50, las videntes rebotan<\/strong> abriendo gabinetes privados<\/strong> donde ejercer sus dones<\/strong>. Sin reencontrar el éxito de antaño, van a seguir satisfaciendo la curiosidad<\/strong> de los consultantes, que no pueden contentarse con horóscopos poco creíbles <\/strong>a sus ojos.

Luego, en los albores del siglo 21e<\/sup>, las cartománticas<\/strong>, a menudo convertidas en tarólogas<\/strong>, van a dejar de lado el aspecto teatral de su profesión para dar paso a más pragmatismo <\/strong>en sus predicciones.
Hoy en día, ejercen las más de las veces en línea<\/strong> o por teléfono<\/strong>, gracias a las innovaciones tecnológicas<\/strong>, lo que les permite procurar una sesión a toda persona que lo desee.
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